En su nueva campaña para vendernos planes de pensiones Caja Madrid ha realizado un retrato de lo más cool del artista contemporáneo, por supuesto conceptual. Cabe preguntarse si el estereotipo que se maneja responde exclusivamente a los intereses publicitarios o, asimismo, obedece a una especie de imagen simplificada del artista que se ha ido fraguando, en los últimos años, en el propio seno de las instituciones artísticas. ¿Existirá un acuerdo en relación con esta imagen sexy del artista entre los publicistas, incluyendo toda estirpe de comunicadores, y los responsables de la actividad cultural y artística de dicha caja?
Parece que el estereotipo de artista elegante y frío que se propone en esta imagen no deja de ser una continuación de las simplificaciones mistificadoras que, sobre la idea de quién se dedica a la producción artística, se han ido sucediendo y cuyo antecesor fue la del artista torturado y vitalista de los años ochenta.
El papel de los media, en general, y de la publicidad, en particular, desde hace tiempo sabemos que ha sido de gran importancia en la construcción de una imagen del artista, que pueda rendir beneficios en un contexto cultural masivo. Quizá podríamos, entonces, suscribir lo que hace ya tiempo decía Bill Hicks sobre el marketing y la publicidad.
No obstante, no se puede dejar de señalar la responsabilidad en la definición de este estereotipo, de los mecanismos propagandísticos de la industria cultural y de la aceptación y fomento del mismo por parte de no pocos artistas. En cualquier caso, la imagen del artista conceptual, usando una noción amplia y deformadora del término, que compatibiliza su labor artística con ser modelo no es, ni mucho menos, un invento de los avezados publicistas contratados por Caja Madrid. Recordemos aquí el artista-modelo por excelencia, Matthew Barney.

Interesante y bastante acertado que hayan metido a Ferran Adrià en el mismo saco. Por lo del nitrógeno, digo...